¿Nos puede ayudar la crisis a educar a nuestros hijos?

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Es una pregunta que me ha surgido de la lectura de un blog que suele visitar de vez en cuando. ¡Es más!, el mismo título de la última entrada de ese blog me dio la idea tanto del tema –tema para escribir esta entrada, como para poner el titulo sobre la marcha-, y es que corren tiempos muy difíciles y duros.

Recortes, recortes y más recortes han llevado a muchas familias a situaciones de auténticos dramas tanto familiares como humanos. Situación que con las Navidades ya sobre nuestras cabezas hace que miremos a los más desfavorecidos “los niños”, ellos terminan sufriendo las consecuencias de toda esta locura llamada “crisis”.

Y supongo que será muy difícil explicar a un chaval, que este año las Navidades van a ser muy duras y quizás apenas se les pueda regalar nada, ¡ya que en casa no entra ni un euro! Sin embargo, creo que para aquellos pocos que tengan la fortuna de poder seguir recibiendo regalos como si nada, tienen una oportunidad de oro de ser educado en la sobriedad y en la generosidad.

Todos deberíamos de aprovechar el momento y ser sobrios a la hora de celebrar la Navidad y más ahora que las circunstancias no pueden echar una mano. Como se suele decir, “la ocasión pintan calva

Ya hace años, los especialista en educación aconsejaban y no se cansaban de decir, que teníamos que educar a nuestros hijos para que fueran “sobrios, austeros, etc.,” en la medida de lo posible, ¡y me explico!, tal como se nos plantea en la entrada “Me lo pido, me lo pido”, lo chavales lo quieren todo… ¿Es justificable el comprar todo lo que piden y quieren?, ¿hasta qué punto tengo obligación de darle todo eso y más?

Y que mejor momento para aprovechar y “educar en la voluntad” a nuestros hijos. Que sepan dejar de lado los caprichos y sepan discernir entre “deseo, apetecer y querer”. Si somos capaces de que ello lleguen a distinguir entre esos conceptos, habremos ganado mucho de cara a su futuro.

Pero para que la voluntad coja cuerpo en el ser de nuestros hijos, es vital que esta, sea reforzada por las virtudes. Virtudes humanas como “la constancia, la perseverancia, la tenacidad, la puntualidad” que hace salir de su interior “la fortaleza” que es el autentico motor de la voluntad. Ya sé que habrá quien me pueda echar en cara la situación de muchas familia a la que me he referido anteriormente, pero es que hemos estado mucho tiempo quejándonos de que a los hijos se lo hemos llegado a dar todo y no se le ha negado nada, hasta tal punto hemos llegado, que lo que hemos conseguido es “crear auténticos egoístas”, por no decir “auténticos monstruos” en algunos casos.

Te puedo asegurar que he conocido familias que hace muchos años, cuando la cosa iba más que bien, les decían a sus hijos; “ya sabes en casa un regalo, en cada casa de los abuelo un regalo” y nada más. Y por cierto el juguete aquel que ya no juegas con él y que tienes en buen estado, lo limpiamos, lo arreglamos y vamos a regalárselo a un niño que no tenga la posibilidad de conseguir uno de ningún tipo.

De esta forma esa familia además de controlar la cuestión de las “peticiones”, enseña en la generosidad, que tampoco viene mal.