Dejemos de mirarnos el ombligo.

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social-mediaHace unos días, he podido de dar una charla dirigida a madres y padres de un centro escolar, gracias a la petición que me hizo llegar la directora del mismo. De esta forma, tuve la oportunidad de dirigirme a cuantos padres y madres asistieron a la citada charla y hablarles de la importancia de tener un tiempo de ocio familiar, para de esta forma aprovechar y mejorar en el conocimiento y educación de los hijos.

Pero no solo les hable de ocio y tiempo libre, les hable de redes sociales, de cuanto tienen de positivo y de los riesgos que podemos encontrar si no somos capaces de hacer un uso adecuado de las mismas.

La idea de la charla, partió de un grupo de  madres que junto a la mayoría de los docentes del centro, estaban y están, muy preocupados por las actitudes que de un tiempo para acá están teniendo algunos alumnos-sean tanto chicas como chicos-, ya sea dentro de las aulas, en el patio del centro o incluso fuera del mismo, en definitiva estaban observando que se estaban dando unas actitudes nada “educadas” para con otros  niñ@s.

En una palabra, querían que alguien les “orientara” a la hora de afrontar estas actitudes por parte de sus hijos y sobre todo, cuando “estos”-los hijos-, hacer uso de las nuevas tecnologías y en particular en las redes sociales.

No he de negar la gran oportunidad y no menor responsabilidad, que se me presentó de poder colaborar con el centro y por lo tanto, con los docentes y con las madres y padres que con gran criterio y responsabilidad pidieron esta sesión de orientación  familiar.  Es evidente que no me toca valorar la sesión, pero si es cierto que surgieron temas de interés sobre todo a la hora de hablar de los riesgos de un uso inadecuado de las redes sociales y en definitiva de las nuevas tecnologías. Cuestiones como el ciberbullying, el grooming, el sexting, la privacidad, la responsabilidad a la hora de salvaguardar todo tipo de información, etc., sobre todo cómo gestionar todo esto en casa y hacerles llegar a los chaves la responsabilidad que se tiene a la hora de participar en sitios “tan públicos” como las redes sociales.

Y cómo ya te he comentado amiga o amigo lector el tema del ciberbullying tuvo un lugar predominante y sobre todo a colación de los ocurrido en Madrid con  una chica de 16 años que se tiró al vacío por el hueco de la escalera de su edificio, pues estaba siendo acosada y no aguantaba más y por lo tanto decidió acabar con el calvario que estaba sufriendo.

Desgraciadamente, la lista de suicidios sigue aumentando, ahora de poco vale tomar medidas, apartar al director del centro y toda la liturgia que sigue a un caso de estas características. Se hace urgente dar solución a este problema, pero sin embargo los que tenemos la solución de todo estos, somos todos. Somos padres, hijos, docentes y la sociedad en general. Pero para ello, ante todo hemos de dejar al lado esa visión corta cuasi animal de que si un problema no pasa el umbral de la puerta de casa, ¡eso!, no es mi problema.

Una vez superado ese pensamiento, se hace urgente concienciar a todos los miembros de la comunidad escolar y en especial a padres y madres, que este tipo de problema no se debe de afrontar desde la perspectiva de que mi hijo puede ser una víctima, sino que también ha de ser contemplada desde la visión de que mi hijo pueda ser un “acosador en potencia”. Por desgracia en este país llamado España, un problema no es tal, hasta que cruza el umbral de mi casa. Dejemos de mirarnos el ombligo y tengamos la valentía de afrontar los hechos de frente y como se suele decir mirando a los ojos de las víctimas y sus familias.

¿Hasta cuándo vamos a estar viendo venir el problema y no ser capaces de poner solución al mismo? Podemos hablar de que en Finlandia-otra vez a vueltas con los mismos-, tiene un método muy eficaz que está funcionando. Dejémonos de tonterías y pongámonos las pilas. Y quizás te preguntes… ¿cómo llevar a cabo eso?

Principalmente, los padres hemos de tomar la iniciativa en esta cuestión. Urge que surja una verdadera inquietud por saber cuáles son las influencias que reciben nuestros hijos en su ocio. Y sobre todo, cómo combatir esas influencias que pueden llevar a correr mayores riesgos de los necesarios a nuestros hijos.

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