Educar en el asombro*

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* Aunque este articulo fue escrito hace casi un mes, os facilito el podcasts del programa donde Catherine L´Ecuyer participa y nos habla sobre “Educar en el asombro”


Más de una vez me ha sorprendido leer o escuchar la expresión “Educar en el asombro” y esa expresión es el título de un libro y a su vez es el título de una conferencia de la canadiense Catherine L`Ecuyer. Y no voy a negar que hacia mucho tiempo que iba “detrás” de poder leer el libro  o al menos de poder escuchar la citada conferencia. ¡Pues bien!, al final lo he conseguido. ¡Aquí!, en Murcia, gracias a Altades que ha organizado unas jornadas sobre “Altas Capacidades”.

Y lo que nadie puede poner en duda, es que cuando un niño pregunta.., ¿Por qué las estrellas son azules?, ¿o por qué no llueve hacia arriba? Lo que esté hace, no es poner en duda el “orden establecido” de las cosa, sino que se asombra de “una realidad que es”, pero que podría “no ser”. Pues es ahí, donde aparece el asombro…, en el deseo de conocer y que a su vez es “el motor para descubrir el mundo que le rodea”.

Pero “Lécuyer” va más allá, para que este “asombro” funcione, se necesita que entre el niño (o la niña) y quienes lo cuida exista un apego real, donde de una forma natural, el niño haga participe de sus descubrimiento al adulto que está a su lado, pero es tal la dependencia del crio con el adulto, que corremos el riesgo de apagar ese sombro, si no nos asombramos con él. Los niños, necesita de ese triángulo compuesto por “él, el mundo y el adulto que lo acompaña”.

Si somos capaces de formar parte de ese triángulo y no ponemos “puertas al campo”, es decir, si “no matamos ese asombro”, es casi seguro que nuestros hijos no quemaran sus etapas de formación, y vivarán de una forma más adecuada su infancia. Y es que la infancia es una etapa lo bastante importante en el desarrollo de la persona, como para ser quemar de una forma indiscriminada, pues si no es de este modo, cuando lleguen a la adolescencia, lo harán verdaderamente quemados.

Además otro elemento importante a la hora de mantener ese “asombro” en nuestros hijos, es la consideración de “la belleza” y últimamente los parámetros que tenemos los adultos con respecto a la belleza no tienen nada que con los parámetros de los niños. Se hace necesario tener una piel más fina a la hora de buscar esa belleza de la que gozan los críos.

En definitiva, procuremos tener un mayor apego a nuestros hijos y reflexionemos para recuperar el “asombro”, no solo en los más jóvenes de la casa, sino en nosotros.