Olvidando lo obvio

Publicada en Publicada en Educación, Familia, Sociedad

Recientemente he leído un texto donde se habla de la familia y la escuela, sobretodo de aspectos del tipo socio-político-jurídico y básicamente viene a decir que la familia tiene un “derecho natural y positivo” con respecto a la educación de sus hijos. Ya sea esta en casa, ya sea en la escuela. Donde básicamente se debe de tener en cuenta el no confundir los roles correspondientes a cada uno.

Y por desgracia en nuestra querida España, esos roles son alterados y usurpados continuamente. Da igual que sea el Estado, como algunos miembros de la Comunidad Educativa, sobre todo encabezados por algún que otro profesor que se cree con derecho a ideologizar y adoctrinar. Situaciones que ocurren con cierta frecuencia y que olvidan lo obvio de todo esto.

Se olvidan de que el ser humano es un ser social y que vive en grupos sociales. Primero la familia, luego vienen la aldea, el municipio, el Estado, etc., pero dentro de toda esta estructura social está la escuela. En parte es, esa educación de la tribu de la que habla el señor Marina. Educación que olvida, quien tiene la responsabilidad primaria de todo.

¿Pero cuál ha de ser la relación de la familia y la escuela? Ante el planteamiento de esta pregunta, hemos de comenzar hablando de lo obvio. La primera función de la familia que a su vez es responsabilidad, es la de la educación de los hijos y que por cierto es indelegable. Aquí el papel de la escuela es claro, es netamente colaborativo en la tarea de la educación. Es decir, tiene un papel subsidiario. Nada más.

Y bajo ningún pretexto de ningún tipo, debe de invadir las competencias de la familia. Sin embargo, en este país, eso es pisoteado un día si, y otro también. Al menos en los últimos años, se ha dado de una forma muy clara con dos ejemplos muy significativos. Educación para la Ciudadanía (EpC) y las leyes de defensa de los colectivos LGTBI que introducen distorsiones en terrenos de competencia familiar como son el tema afectivo-sexual.

La familia tiene sus derechos y estos han de ser respetados incluso por el Estado. La familia es el agente primario de la educación en el hogar y debe de ser rechazado todo aquello cuanto lo invada. La familia ha de elegir que educación quiere para sus hijos. De hecho, la Declaración Universal de los Derechos Humanos en su artículo 26.3, lo deja bien claro: “Los padres tendrán derecho preferente a escoger el tipo de educación que habrá de darse a sus hijos”. Y por último la familia tiene el derecho a ejercer cierto control o supervisión de las prácticas educativas, para poder salvaguardar todo lo anterior.

Se puede decir, que en cierto modo la familia forma una especie de acuerdo con la escuela, como un contrato de prestación de servicios educativos. Nada más.