Bebés vs Moviles

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Preparando una intervención en un curso de Orientación familia, que tengo previsto hacer a finales de este mes de noviembre en la ciudad de Murcia, me acabo de encontrar con una noticia que ni mucho menos me ha deja indiferente.
Bajo el título “La mitad de los bebés, con móvil” el periódico “La Vanguardia” se hace eco de un estudio sobre “Tendencias de juguetes y juego en familia en España” que recientemente presentó el Instituto Tecnológico del Producto Infantil y de Ocio (AIJU).
La cuestión no es baladí, nos encontramos en un auténtico proceso de adaptación a las Nuevas Tecnologías, y eso nadie lo discute, es más, se habla ya de una forma clara, de lo que se conoce por la alfabetización mediática. Y quien no tengan un mínimo de alfabetización mediática en estos tiempos, puede llegar a ser visto como -y perdonen la expresión-, un “analfabeto tecnológico”.
Pero al margen de cuestiones de esta índole, una cosa si es clara y evidente, nuestros hijos, sobrinos, nietos, etc.…, pasan más tiempo ante una pantalla que divirtiéndose al aire libre o realizando otro tipo actividad de tiempo libre. Las cifras no fallan más del 50% de los niños entre 1 y 12 años pasan al menos cuatro horas delante de una pantalla. Pero a partir de los once años estas cuatro horas se quedan en nada, se disparan. Es evidente, que el ocio no se plantea ya como antaño. Quedan lejanos aquellos años en que los hijos pasaban más tiempo con sus padres en el campo o realizando actividades al aire libre.
Pero…, ¿Por qué se emplea más tiempo delante de las pantallas?, ¿Por qué un niño de menos de dos años termina con un móvil o tableta en sus manos? Realmente las respuestas más concretas nos las pueden dar los padres, pero algo de verdad tienen estas otras como, por ejemplo: porque molestan menos y nos dejan tranquilos.
No podemos olvidar que el aprendizaje de nuestros hijos implica un desarrollo neurológico, además de la necesidad de moverse y experimentar, pero no solo no quedaremos aquí, pues si seguimos ese proceso madurativo de los chavales, en cierto modo, podremos detectar la posible existencia de algún trastorno o dificultad, pues si se queda en el sitio con la pantalla, poco podremos detectar. Y aquí tienen mucho que decir los juguetes de toda la vida, como por ejemplo las construcciones de madera, los puzles, etc., por destacar algunos en particular. Los chicos tienen que experimentar e interactuar con su entorno. Es vital para su desarrollo.
Si los preadolescente, adolescentes, jóvenes y adultos corremos el riesgo de caer en las garras de la adicción a las nuevas tecnologías, no dudéis de que los pequeñajos van a estar excepto de ello. Ni mucho menos. Además, si me apuráis corremos el riesgo de no enterarnos de esa posible adicción. De todos modos, en los últimos años, la asociación de pediatras norteamericana desaconseja el uso de pantallas por debajo de los dos años.
Los niños tienen que cumplir “plazos”, en las diferentes etapas de la vida. No corramos y dejemos que se desarrollen adecuadamente. Y para terminar eso de que con las pantallas entrenamos el cerebro, yo lo considero una excusa pues toda la vida hemos desarrollado el cerebro con mil actividades y no somos menos inteligente los que hemos crecido sin los magníficos móviles o sus hermanas las tabletas. E
En definitiva, todo esto es cuestión de un uso “razonable” de las Nuevas Tecnologías y nada más, pero sin olvidar los juguetes de toda la vida. ¡Y por cierto!, no hemos hablado nada del juego.

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