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¡El que quiera entender…, que entienda!

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El tema que hoy traigo a la consideración de los lectores de este blog es toda una declaración de intenciones, aunque también puede ser y de hecho lo es, fuente de discusión. Y es que la cuestión de la sexualidad humana de por sí ya es motivo de discusión.

De hecho, con demasiada frecuencia se produce un uso inadecuado de esa sexualidad. ¿Y a que puede ser debido? Básicamente a la condición y naturaleza humana, a un uso inadecuado de la libertad personal y la mayoría de las veces…, como consecuencia de una clara falta de formación. Sin embargo, lo anterior es “reversible”, es decir, tiene “solución”, aunque nos es menos cierto, que esa solución pasa por una adecuada formación.

Y como nos encontramos bajo las garras de una sociedad 100% hedonista, es imprescindible marca el camino para esa adecuada formación. La formación a la que me refiero debe de apoyarse en cuatro puntos muy determinados. Puntos como… lo generativo, lo afectivo, lo cognitivo y por último…, lo teocéntrico.

Profundicemos un poco en cada una de ellas, aunque no es menos cierto que de por si son temas de mucho calado:

  • La dimensión generativa que a su vez se compone en dos vertientes, como son la procreativa y la genital. Con respecto a la primera es muy “frecuente”, que sea casi eliminada. Mientras que la vertiente genital es agigantada de tal manera que es elevada a la máxima potencia por medio de ese hedonismo descontrolado que nos asiste en la sociedad, cuestión que puede llega a afectar la salud de la persona.
  • La dimensión afectiva también tiene un peso muy determinado. Aquí el mayor riesgo que podemos correr es la de llegar a considerar a la persona como un “objeto de placer” y las consecuencias puede ser…, la generación de sentimientos de culpa, además de una baja autoestima, etc. Aunque no es menos cierto que en ciertos ambientes se va buscando el retomar una educación afectiva adecuada de la persona y que no debe de ser confunda con la que grupos LGTBI pretenden imponer.
  • En cuanto a la dimensión cognitiva el amor no se puede entender sin la parte formativa del ser humano y aquí es como en todas las etapas del hombre su dimensión cognitiva debe de tener su peso específico. A más formación se supone que tu trato hacia el otro será mejor y tu lucha por su amor será más sincera.
  • La cuarta dimensión es la teocéntrica. Lo que ocurre es que en una sociedad como la actual donde el hedonismo acampa a sus anchas como ya se ha dejado bien claro, es difícil poder apuntalar y ahí, tiene mucha culpa los propios cristianos que en cierto modo se han dejado comer la tostada como se suele decir.

Cómo ya he dicho anteriormente, se puede profundizar más en el tema, pero creo que para una entrada de este blog no se necesita más palabras. En definitiva…, “¡El que quiera entender…, que entienda!”