Buceando por mis fuentes de inspiración para escribir en este blog. Me he topado con un artículo de Josemaría Carabante en ACEPRENSA titulado “El liberalismo postidentitario de Mark Lilla”. En el citado artículo hay un párrafo que me ha dejado bastante “pensativo”-es evidente que no lo voy a trascribir completamente-, pero si voy a intentar “dentro de mis limitaciones” reflexionar sobre lo que se dice en el mismo.

De entrada, el articulista nos cuenta, como el pensador, profesor de Columbia e izquierdista heterodoxo Mark Lilla ha perdido en parte el favor de los suyos en el partido Demócrata y sobre todo a raíz de la publicación de su ultima obra. Pues este viene a decir que sus “correligionarios” han… “convertido a la democracia en un dogma sagrado y que el discurso político lo han centrado en los derechos” y que en cierto modo se “ha olvidado que el ciudadano tiene también obligaciones indeclinables”. Lo triste de esto, es que cuando estos pensamientos de intelectuales de estas características lleguen a Europa y particular en España, igual ya no queda sociedad que salvar.

Para el intelectual caído en desgracia, los auténticos problemas de la sociedad actual están en la debilidad de la clase media, la erosión de la comunidad y la familia, el eclipse de los partidos, la indiferencia hacia el bien público, etc. Cómo se podrá comprobar, en las primeras líneas de este párrafo, tenemos munición para trabajar bastante.

¡Y es cierto!, si uno mira a la vida política -solamente en nuestro país-, ¿Cuáles son los problemas que según esa misma clase política en general y los medios que los apoyan en particular tratan con frecuencia? ¡Pues eso!, el problema identitario, y los nuevos derechos que por cierto van muy de la mano. La Ideología de Género, la defensa de los colectivos LGTBI, el quitar la patria potestad a los padres ideologizando la escuela y un largo etc.

Sin embargo, esos auténticos problemas de la sociedad actual, no tiene cabida en la defensa de la justicia social. Las clases medias que en líneas generales han sido las peores paradas de la crisis económica siguen sufriendo de una forma desmedida. Ya no existe el colectivo, la comunidad, el individualismo ha pasado literalmente por encima.

Mención aparte, merece la familia (comunidad base de la sociedad), o en palabras de San Juan Pablo II…, “célula básica de la sociedad”. ¡Bueno!, eso de familia es un decir, porque entre el “derecho al aborto” que es considerado todo un avance sociosanitario. El divorcio exprés, donde solo basta que uno de los dos conyugues diga “hasta aquí hemos llegado” y abandono. El otro a “joderse”. Se puede seguir enumerando cuestiones y a su vez dejar algún que otro argumento, pero creo que tan solo seria estar apuntillando lo mismo continuamente.

Y para ir finalizando e intentar de sacar algo positivo de todo esto, creo que es un buen síntoma que intelectuales de izquierda se vayan dando cuenta de que esto no los lleva a ningún lado. No obstante, para los que estamos en el lado opuesto, para los que luchamos contra lo políticamente correcto, es un rayo de esperanza. Podemos seguir trabajando por una sociedad donde el verdadero “estado del bienestar” sea una meta para todos y no solo un grupo de privilegiados como las clase política y sus secuaces.