Educar en el amor y la sexualidad (Parte IV). El pape de los padres.

Quiero finalizar esta serie de entrada dedicadas a la Educación en el Amor y la Sexualidad, deteniéndome en las diferentes etapas de niño y de la niña hasta su llegada a la adolescencia. Una etapa de la vida de las personas, donde tanto los chicos como las chicas van buscando su identidad de cara a la madurez.

Sin embargo, he de recordar a los padres, que todo lo trabajado entre el día del nacimiento de nuestro hijo o hija, hasta la entrada en la adolescencia, se puede considerar como el punto de apoyo del que decía Arquímedes: “Dadme un punto de apoyo y moveré al mundo”. ¡Si!, ellos serán los que cambiarán el mundo, si nosotros (los padres) les damos las herramientas adecuadas como punto de apoyo. Pero entremos en materia y desarrollemos el tema de hoy.

Lo que es un hecho, es que el niño…, o la niña de entre tres y cinco años, carece del conocimiento de lo que llegará a ser su cuerpo de adolescente o de adulto. Pero no debe de crecer sin gestos de ternura por parte de sus padres, es decir, miradas de cariño, besos, caricias…, todo ello hará que su cuerpo vaya conociendo como se recibe el amor de los demás hacia a uno mismo y de cómo se pude ser feliz con esos gestos y detalles. A estas edades la introducción a la educación sexual se debe de realizar con lo citado en el párrafo anterior, además de utilizar un lenguaje poético y apoyado en analogías.

Cuando se superan los cinco años, nos adentramos en un periodo con muy buena estabilidad hasta los ocho. Este periodo es conocido por la “gran infancia”. Periodo donde, la imaginación sigue teniendo un lugar de preferencia. Al cual hay sumarle los buenos imitadores que son los hijos con respecto a lo que hacen sus padres. Es más, me atrevería a decir…, que nos copian.

Es cuando comienzan a tomar conciencia de su cuerpo sexuado y mirarán a sus referentes más cercano. Ellas a mamá y ellos a papá y son capaces de analizar al detalle a los adultos. A su vez, comienzan a interiorizar esos modelos de tal forma, que luego más tarde irán integrando la diferencia entre los diferentes sexos. A lo largo de este periodo irán identificando su sexo.

Sin embargo, aun no están todo lo suficientemente formado para entender con plenitud la sexualidad. Es necesario que mamá con ellas y papá con ellos, hablen de la sexualidad con lenguaje escogido y procurando no tira de lenguaje obsceno, ni hacer mención del instinto animal. Todo debe de ir en función de su conocimiento y experiencia con respecto a su cuerpo.

Cuando superamos los ocho años, la aparición o el aumento del pudor, puede ser la señal que nos indique que nuestra hija o hijo está entrando en la pubertad. La pubertad, etapa que dura alrededor de tres años y que es diferente tanto en las chicas (entre los once y catorces años), como en los chicos (entre los treces y dieciséis años).

Es aquí cuando se producen cambios genitales y hormonales, sus cuerpos se convierten en adultos. Es el momento, donde desarrollan su sentido crítico, discuten y razonan. A la vez es un periodo de crisis y no se dan por igual en ambos sexos. Veamos todo esto por separado.

¿Qué ocurre con la niña en este periodo entre los ochos y los doce años? Su cuerpo cambia y se transforma, aparecen los pechos, comienzan a pasa más tiempo en su cuarto. Eligen horas intempestivas para hablar con sus padres. Comienzan a cambia su forma de vestir. Sus confidentes pasaran a ser sus amigas y además de tirarse muchas horas al teléfono.

Además de producirse los correspondientes cambios hormonales, hará su entrada en escena el ciclo, lo cual producirá que el estrés se dispare. Y dentro de todo este maremágnum de cosas, hemos de hablarles de temas como el deseo, la pureza de corazón y del cuerpo. Pues deben de conocer su cuerpo además de aceptarlo. Aquí la educación sexual está relacionada con la educación del corazón.

Por otro lado, los chicos comienzan a tener fuerza muscular, a tener auténticos deseos de independencia, “vivir” su vida privada y sin embargo sigue siendo muy dependiente de la madre, además de soñador, perezoso, etc. Aun no son suficientemente responsable de si mismo. También necesitan de nuestra ayuda. Y al igual que ellas la educación del corazón es vital.

En estos momentos…, en sus cabezas-tanto en las de ellos, como en la de ellas-, se amontonan muchos interrogantes…, y los padres hemos de adelantarnos a la jugada para ayudarles adecuadamente. De forma que ellos sepan dar sentido a sus cuerpos y estén preparados para los primeros sufrimientos.

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Autor: Prian Ferreira, Francisco

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