marzo 21

La figura paterna

Corren malos tiempos para el hombre, y por extensión para la figura del padre, aunque no es menos cierto, que algunos se han trabajado a pulso el estar fuera de la foto. Y cómo ya os habréis imaginado, nuestra entrada hablará sobre la figura de padre.

Para ello, desde estas líneas, nos vamos a centrar en el ultimo estudio impulsado por el “think tank” The Family Watch, y que a llevado a cabo la profesora María Calvo de la Universidad Carlos III de Madrid.

De hecho, sorprende que pese a los cambios culturales producido en los “últimos 50 años”, aquella figura paterna que era el soporte económico y material de la familia se puede dar por desaparecida. Ha sido tamizada de tal modo, que ya solo nos queda en el recuerdo de algunos privilegiados.

Las cifran hablan por si sola. En España hay más de un millón de hogares en los que las mujeres se hacen cargo de todo. Y esto, tiene sus consecuencias… “gusten o no”. Porque esa ausencia paterna, arrastra a los hijos a delinquir, a que la violencia domestica aparezca de una forma descarnada, se producen demasiados embarazos no deseados. En definitiva, toda una retahíla de problemas que al final salpica a toda la sociedad. Y prueba de ello, es que estamos ante una generación de jóvenes, donde ellos no respetan a ellas y ya desde que inician una relación de pareja la tiene bajo el imperio del terror.

No digo nada cuando esos mismos chicos y chicas sean adultos, en un alto porcentaje serán peores de lo que ya son. La figura del padre ha de volver a ocupar un lugar preminente en la familia de principios del siglo XXI. Figura paterna que ha de ser mas respetada por algún que otro colectivo-y no quiero abrir aquí otro debate-.  

Otra cuestión de entidad y que por desgracia ya no nos sorprender, es la situación de los “padres separado”. Al final, sino consiguen vivir con sus hijos. Estos terminarán dejando de tener relación con sus hijos.

Se hace necesario promover la cooperación entre padres y madres, ejerciéndose adecuadamente la corresponsabilidad entre ambos, para ello, al margen de apoyar adecuadamente a la mujer para que esta pueda realizarse familiar y profesionalmente. Se ha valorar algo más la figura del padre de lo que se esta haciendo hasta el momento. El papel que juega el padre en la educación de los hijos no puede ser suplido por la madre. Aunque, muchas de ellas lo hagan mejor que ellos y estén más capacitadas.  No obstante, la complementariedad en cuestiones de educación también es importante. Y, por otro lado, el hombre ha de creérselo.