El ser humano por definición es único e irrepetible y cuando un hombre y una mujer deciden formar una familia. Está, es única he irrepetible. A su vez, su estilo educativo por esta regla de tres también lo es.

No obstante, dentro de ese “ser familia”, y a la hora de educar, cada familia tiene bien definido su propio estilo educativo. Estilo que se va a reflejar en el día a día, en el como se afronta las dificultades, se celebran los éxitos, se organiza la convivencia, en definitiva, en como se tratan entre los miembros de la misma y un largo etc., de cosas y situaciones. 

Y al igual que la sociedad a cambiando en muchos aspectos, también ha cambiado lo que pretendemos a la hora de educar. No hace muchos, se buscaba que nuestros hijos fueran felices, que lo más de sus vidas fuera la felicidad. 

Hoy en día, el objetivo es otro muy diferente. Se busca prepararlos para la vida. Los hemos de preparar para cuando tengan que salir de su zona de confort que es nuestro ambiente familiar. Es decir, hemos de esforzarnos por que sean capaces de desarrollar plenamente todas y cada una de sus potencialidades y capacidades, para llegar a ser mejor persona. 

No obstante, hemos de tener claro, que siempre hemos de ser para ellos, un faro en su vida. Y siguiendo el símil marinero, hemos de ser su norte, su carta de navegación, su bitácora. De este modo estaremos en cierto modo asegurándonos de que su travesía en la vida… sea la adecuada, al menos gracias a las herramientas que les demos. 

Lo que ocurre, es que, por lo general, no siempre tenemos claro esos conceptos de protección y autoridad tan necesario para la educación de los chicos.  Y según actuemos, es decir, según sea “nuestro quehacer educativo”, se verán si tenemos un estilo apropiado de educar. 

De hecho, de la combinación que hagamos de los conceptos de protección y de autoridad, obtendremos un determinado estilo educativo, que va a marcar el devenir de la misma en la familia. 

Sin ir más lejos, nos encontraremos con familias que tienen un estilo proteccionista, o liberal, quizás dictatorial o anárquico, es decir, formas de educar, donde tendremos una excesiva protección, como es en el primer caso, sin embargo, con respecto al segundo aquí la protección apenas aparece. En cuanto al dictatorial… será un monologo de exceso de autoridad, y por último, en el caso del anárquico, la autoridad ha desaparecido. ¡Ancha es Castilla! Todo vale. 

Se hace necesario conjugar la protección y la autoridad con el amor, la confianza, sabiendo hacer “un uso adecuado” de la exigencia junto a la disciplina. Lo que si esta claro, es que el estilo con que eduquemos no es una entelequia, es algo que se hace día a día a base de acciones dirigidas a imprimir un carácter ganador en nuestros hijos.