Érase una vez… Un planeta azul donde sus habitantes habían alcanzado tal nivel de vida, que la gran mayoría de estos se creían Dioses. Se había llegado a tal nivel de degradación moral y social, que apenas eran capaces de conocer a sus propios vecinos. Eras más común atender desgracias acaecidas en las antípodas de cada uno, que ser capaces de distinguir lo que le podía estar ocurriendo al vecino de enfrente. Era tal el nivel de bienestar, que lo más importante era tener lo mejor de lo mejor, aunque no se pudiera. En definitiva, vivían por encima de sus posibilidades. 

Cómo podrás comprobar estoy describiendo la situación que teníamos antes de la crisis del 2008, donde todo el estado del bienestar se fue al garete. Situación de la cual parecía que estábamos “saliendo”, pero que como en toda desgracia, quedan heridas y cicatrices de todo tipo.

Una de esas cicatrices es lo que se ha dado en llamar “los recortes”, recortes que a mi modo de entender tiene tantos culpables, como intervinientes en la situación. Ciertos es que algunos de esos recortes, nos han pasado factura con la pandemia del “SARS-CoV-2”. ¡No lo niego! Es demasiado evidente como para negarlo. Pero eso no exime a nuestros actuales gobernantes a justificar tan nefasta gestión de la crisis como se está llevando a cabo en España. Aunque, tampoco es menos cierto que en otros países tampoco han sido muy efectivos hasta el momento. Véase EE. UU. 

Lo que, si ha sido muy curioso y bastante llamativo, es como algunos países han actuado de cara a la propagación de la pandemia. De las medidas tomadas y como se han desarrollado. Hoy por hoy, todavía cuando llega alguien a España repatriado de cualquier parte del mundo, nadie, repito nadie, les realiza un control de temperatura y se asegura de que realice una cuarentena en un lugar preparado para ello. Y esto, a estas alturas del partido es básico. 

Pero miremos al futuro… ¿Qué nos deparará?, ¿cómo vamos a salir de aquí? No hace ni un mes dedique en este mismo blog, un artículo con respecto al futuro que se nos viene encima. Y en él, hablaba sobre dos cuestiones que cada día que pasa toman más cuerpo. El uso de las mascarillas y la utilización de las nuevas tecnologías. Pero hoy me he topado con otra realidad. ¿Cuáles van a ser las cicatrices a nivel social, económico y moral? Sinceramente, creo que pocas personas pueden hoy por hoy dar respuesta a este interrogante. 

Aunque no es menos cierto, que aquí el papel de los intelectuales también tiene su peso. Y digo esto, pues a raíz de la lectura de un artículo de Josemaría Carabante en ACEPRENSA… me han surgido una lista de temas a considerar y que seguro, más adelante irán saliendo en este blog. Destacan “la globalización”, “la nueva sociedad” que puede surgir de esta situación, el papel de los medios de comunicación-que a mi modo de entender ha sido nefasto en general, aunque gracias a Dios ha habido algunos que han mantenido el tipo-, otro tema de relativa importancia va a ser la relación del estado con el ciudadano y quizás un punto de esperanza como es el resurgir de los valores religiosos. 

Cómo se podrá comprobar no tenemos un panorama de cuento de hadas, pero existe algo de esperanza en este futuro incierto.  

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