Cómo es sabido por todos, el papa Francisco ha publicado nueva Encíclica, la cual está generando criticas a raudales y sobre todo, por parte de los propios católicos, o al menos una gran cantidad de ellos.

Incluso, en algunos casos, el ataque es feroz hacia la persona del pontífice y lo publicado en la citada publicación. Sinceramente, el que suscribe que se considera un católico de a pie, y con una formación media, no termino de ver los argumentos que utilizan algunos para descargar toda su furia sobre él.

Y como no se puede ir por la vida de franco tirador (como diría mi amigo y hermano Antonio Lucas), me decidí a trabajar la encíclica. Primero porque es una obligación y segundo porque como dice San Pedro en su primera carta, hemos de estar “… siempre dispuestos a dar respuesta a todo el que os pida razón de vuestra esperanza” (1 Pd 3, 15). Dicho esto, quiero meterme en harina.

Primero quiero dar mi opinión en general con respecto a la encíclica Fratelli Tutti, y que la veo como una apuesta para que los católicos demos un paso adelante, y luchemos más por una amistad real de la humanidad. Sobre todo, desde nuestros respectivos ámbitos de influencia, junto a todas aquellas personas de buena voluntad que existen en la faz de la tierra.

A la vez que, en la medida de lo posible, provoquemos cambios sociales a través de nuestras acciones personales y colectivas. Aunque también la política tiene su mensaje específico en esta publicación.

Ya sé que muy posiblemente yo también sufra algún tipo de ataque por escribir estas líneas, pero considero que son de justicia, y todos deberíamos hacer un esfuerzo por trabajar lo que en ella se dice.

Por otro lado, nadie podrá negar que formamos parte de un mundo “híper conectado” que, pese a ello, nos hace estar “fragmentados” y separados. Cada uno vamos por libre. A esto, se puede unir que la cultura produce una “deconstrucción” de sí misma, se pretende comenzar de cero con el apoyo de las ideologías, como bien estamos sufriendo últimamente en España.

Cada día que pasa, somos más insensible a lo que nos rodea, aunque la pandemia parezca que despertado algunas conciencias. ¿Quién no ha dicho alguna vez que los derechos humanos no son iguales para todos?

¿O qué el problema de la migración no es tratado adecuadamente, ni en el origen, ni en el destino? El mundo en el que nos encontramos es más “mi mundo”, que el mundo de todos.

En cuanto a las redes sociales, cuando entras, aprecias que estas en un campo de minas. Son capaces de sacar lo peor de las personas. Se puede decir sin miedo a equivocarse que es… “La ciudad sin ley”. De verdad… ¿Es tan complicado denunciar todo esto y pedir que, como miembros de la humanidad, nos comportemos como hermanos?

¡Claro que siempre habrá quien se salga del colectivo y vaya por libre! ¡Claro!, que siempre sacaremos pensamiento que nos hagan tirar para abajo.

Pero… ¿Por qué, Francisco es tan criticado? La respuesta, a mi modo de entender la podemos encontrar en el libro de Austen Ivereigh y Yago de la Cierva… Cómo defender la Fe… Sin levantar la voz. En él, se habla del movimiento “Catholic Voices” y cómo sorprendieron a los medios de comunicación ingleses en la visita de Benedicto XVI a Inglaterra.

La idea principal es… “Quien desee hacerse entender, primero ha de aprender a salirse del marco que la cultura occidental pretende poner a la Iglesia, y que impide que te escuche. Lo llamamos reformular, y en Catholic Voices enseñamos un método apto para cualquiera. Francisco el Gran Reformulador…”. Ya en la JMJ de Rio de Janeiro de 2013, cuando le preguntaron por lo gais, sus palabras corrieron como la pólvora… ¿Quién soy yo para juzgar?

Llegados a este punto… Aquí lo quiero dejar de momento, y te emplazo para seguir con este tema en futuras entregas. Ya que esta encíclica da para mucho.

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