Soy una persona corriente y quiero cambiar la sociedad. ¿Te has planteado alguna vez este objetivo?, ¿Has hecho por llevarlo a la práctica? Yo al menos lo intento, y lo tengo claro desde hace muchos años. Cada día lucho por aplicarlo a mi vida. Otra cuestión es que lo logre.

Y sinceramente, no sé si alguna vez te habrás parado a considerar esta cuestión. Pues de partida, no parece que sea muy fácil de llevar a la práctica. Máxime cuando te puede considerar una persona sin ningún tipo de cargo o responsabilidad pública.

No obstante, esa ausencia de responsabilidad pública no es escusa para que cada uno de nosotros deseemos cambiar la sociedad en la que nos encontramos. De hecho, nadie puede negar que como parte de esa sociedad en la que vivimos, tenemos el derecho a dar nuestra opinión, a que se nos escuche y se nos respete.

Pero seguro que, si has llegado a este punto, te estarás preguntando ¿el porqué de mi reflexión sobre mi deseo de cambiar la sociedad? ¡Te lo explico!

Recientemente he leído un artículo en ACEPRENSA, y que han titulado justamente con la primera frase de esta entrada. El autor de este se ha hecho eco de un artículo de la activista pro-derechos de los niños Katy Faust, donde esta norteamericana reflexiona sobre el tema (El cambio de la sociedad).

La hipótesis de salida de nuestra interlocutora es la siguiente: “Todos tenemos una esfera de influencia, es decir, nuestra familia, grupo de amigos, conexiones de redes sociales, iglesia, escuela o lugar de trabajo”.

De todos modos, y pese a que todos somos conscientes de la existencia de esas zonas de influencia, cabe la posibilidad de que más de uno se pregunte… Bueno si, ¿pero como llevarlo a cabo?

La respuesta es “sencilla”, aunque a la vez, debe de ser acompañada por un punto de atrevimiento por nuestra parte. Y sobre todo contemplar una auténtica escala de valores.

Como buena creyente Katy Faust, se apoya en su relación con Dios. En palabra de nuestra interlocutora… “Debo empaparme de la Palabra viva, dejar que los salmos se conviertan en mi alimento diario y usar como brújula la primera carta de San Pedro”. Queda claro de que este es un pilar básico para influir adecuadamente en las personas que nos rodea.

Otra cuestión básica es la defensa de la educación de nuestros hijos. Es necesario hacer frente al adoctrinamiento en las aulas igual que a las malas influencias, es por ello por lo que tenemos que enseñar a nuestros hijos a pensar por sí mismos y de forma crítica.

Por lo tanto, esto implica hablar con ellos de cuestiones controvertidas a la vez que incomodas para nosotros.

Sin embargo, no debemos de quedarnos ahí. Hemos de asociarnos con otras personas que piensen igual que nosotros donde podamos “ver, juzgar y actuar”. De esta forma seremos capaces de influir en la sociedad.

En definitiva, tenemos que tomar la palabra y opinar sobre lo que nos rodea. Aunque no seamos especialistas en el tema, esto no quiere decir que pretendamos quitar el sitio al que sabe, solo que tenemos derecho a opinar y a que se nos escuche.

En mi caso, he intentado aplicar todos esto en mi vida desde hace tiempo y se puede ver tanto en este blog, como en el canal de Youtube “La Bitácora de Paco”.

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