La llegada de la pandemia ha desatado más si cabe, lo que se ha dado en llamar “la sociedad del comentario”. Hoy en día cualquiera en redes se atreve a realizar todo tipo de comentarios, con respecto a todo lo que ve, oye o escucha en los medios o en las propias RRSS.

Y en la mayoría de los casos sin ningún tipo de reparo. Es más, a veces, esos mismos comentarios son más bien improperios a quien piense de diferente forma.

Cuestión que, a más de un periodista, o todo aquel que acude, trabaja, o colabora en un medio de comunicación, le pone los bellos de punta. Esta es la conclusión que saco a priori de la lectura del artículo de ACEPRENSA “La sociedad del comentario”. Articulo que a su vez se hace eco de una publicación de “Le Monde”.

Lo que es un hecho, es que, desde hace un tiempo para acá, el mundo del periodismo no para de estremecerse por una serie de sucesos que van marcando su propia existencia. Y desde luego, entre los desencadenantes de todo ello, se encuentra la aparición de las RRSS, la crisis económica de 2008 y para dar la puntilla, creo que la falta de una auténtica ética profesional.

Esto último creo ha sido lo más destacado. Y más, cuando lo ideológico y económico se antepone a la búsqueda de la verdad.

¿Pero qué se puede esperar de una sociedad donde lo que prima son los sentimientos, la verdad ha dejado de ser un referente, y donde el igualitarismo impone su tiranía junto al relativismo?

Y, por último, la clase política se ha desconectado de la realidad y apenas saber lo que realmente ocurre en la sociedad.

Lo curioso de todo ello. Es que se ha producido un debate entre intelectuales donde hay quienes aseguran que todo esto es “democracia”. Pues se ha conseguido sacar conversaciones que antes tan solo estaban en el ámbito de lo privado a la luz de lo público.

Y hasta cierto punto se puede dar por bueno este razonamiento, lo único, es que habrá que ver como es el lenguaje utilizado y si se respeta al otro. Pues la verdad, siempre existen hooligan por todas partes y cuando digo “todas partes”, me refiero a ciudadanos, intelectuales, periodistas e incluso políticos. Aunque estos últimos, más bien… “Mienten más que hablan”

Con este panorama, es difícil creer, que lo que se hace en las redes sociales es auténtica democracia. Lo siento, pero yo no me lo creo. No puedo comprar esa propuesta. Hay demasiado odio en la sociedad como para respaldar que en la sociedad actual la democracia tiene un lugar de garantías en las redes sociales.

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