septiembre 22

Educar en el amor y la sexualidad (Parte IV). El pape de los padres.

Quiero finalizar esta serie de entrada dedicadas a la Educación en el Amor y la Sexualidad, deteniéndome en las diferentes etapas de niño y de la niña hasta su llegada a la adolescencia. Una etapa de la vida de las personas, donde tanto los chicos como las chicas van buscando su identidad de cara a la madurez.

Sin embargo, he de recordar a los padres, que todo lo trabajado entre el día del nacimiento de nuestro hijo o hija, hasta la entrada en la adolescencia, se puede considerar como el punto de apoyo del que decía Arquímedes: “Dadme un punto de apoyo y moveré al mundo”. ¡Si!, ellos serán los que cambiarán el mundo, si nosotros (los padres) les damos las herramientas adecuadas como punto de apoyo. Pero entremos en materia y desarrollemos el tema de hoy.

Lo que es un hecho, es que el niño…, o la niña de entre tres y cinco años, carece del conocimiento de lo que llegará a ser su cuerpo de adolescente o de adulto. Pero no debe de crecer sin gestos de ternura por parte de sus padres, es decir, miradas de cariño, besos, caricias…, todo ello hará que su cuerpo vaya conociendo como se recibe el amor de los demás hacia a uno mismo y de cómo se pude ser feliz con esos gestos y detalles. A estas edades la introducción a la educación sexual se debe de realizar con lo citado en el párrafo anterior, además de utilizar un lenguaje poético y apoyado en analogías.

Cuando se superan los cinco años, nos adentramos en un periodo con muy buena estabilidad hasta los ocho. Este periodo es conocido por la “gran infancia”. Periodo donde, la imaginación sigue teniendo un lugar de preferencia. Al cual hay sumarle los buenos imitadores que son los hijos con respecto a lo que hacen sus padres. Es más, me atrevería a decir…, que nos copian.

Es cuando comienzan a tomar conciencia de su cuerpo sexuado y mirarán a sus referentes más cercano. Ellas a mamá y ellos a papá y son capaces de analizar al detalle a los adultos. A su vez, comienzan a interiorizar esos modelos de tal forma, que luego más tarde irán integrando la diferencia entre los diferentes sexos. A lo largo de este periodo irán identificando su sexo.

Sin embargo, aun no están todo lo suficientemente formado para entender con plenitud la sexualidad. Es necesario que mamá con ellas y papá con ellos, hablen de la sexualidad con lenguaje escogido y procurando no tira de lenguaje obsceno, ni hacer mención del instinto animal. Todo debe de ir en función de su conocimiento y experiencia con respecto a su cuerpo.

Cuando superamos los ocho años, la aparición o el aumento del pudor, puede ser la señal que nos indique que nuestra hija o hijo está entrando en la pubertad. La pubertad, etapa que dura alrededor de tres años y que es diferente tanto en las chicas (entre los once y catorces años), como en los chicos (entre los treces y dieciséis años).

Es aquí cuando se producen cambios genitales y hormonales, sus cuerpos se convierten en adultos. Es el momento, donde desarrollan su sentido crítico, discuten y razonan. A la vez es un periodo de crisis y no se dan por igual en ambos sexos. Veamos todo esto por separado.

¿Qué ocurre con la niña en este periodo entre los ochos y los doce años? Su cuerpo cambia y se transforma, aparecen los pechos, comienzan a pasa más tiempo en su cuarto. Eligen horas intempestivas para hablar con sus padres. Comienzan a cambia su forma de vestir. Sus confidentes pasaran a ser sus amigas y además de tirarse muchas horas al teléfono.

Además de producirse los correspondientes cambios hormonales, hará su entrada en escena el ciclo, lo cual producirá que el estrés se dispare. Y dentro de todo este maremágnum de cosas, hemos de hablarles de temas como el deseo, la pureza de corazón y del cuerpo. Pues deben de conocer su cuerpo además de aceptarlo. Aquí la educación sexual está relacionada con la educación del corazón.

Por otro lado, los chicos comienzan a tener fuerza muscular, a tener auténticos deseos de independencia, “vivir” su vida privada y sin embargo sigue siendo muy dependiente de la madre, además de soñador, perezoso, etc. Aun no son suficientemente responsable de si mismo. También necesitan de nuestra ayuda. Y al igual que ellas la educación del corazón es vital.

En estos momentos…, en sus cabezas-tanto en las de ellos, como en la de ellas-, se amontonan muchos interrogantes…, y los padres hemos de adelantarnos a la jugada para ayudarles adecuadamente. De forma que ellos sepan dar sentido a sus cuerpos y estén preparados para los primeros sufrimientos.

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agosto 31

Educar en el amor y la sexualidad (Parte III). El Pudor

El tema se va complicando y toca hablar de una cuestión que en los tiempos que corren es casi un tabú-aunque parezca mentira-, el simple hecho de mencionarlo te puede generar problemas. Me estoy refiriendo al “pudor”.

¿Qué es?, ¿qué se entiende por pudor?, ¿realmente tiene algo que ver con respecto a la educación del amor y de la sexualidad?…

Pero comencemos por lo que entiende la Real Academia Española de la Lengua (RAE) por pudor. Y esta la considera como sinónimo de “honestidad, modestia, y recato”.  Por otro lado, se puede considerar como la vergüenza que uno puede tener a la hora de exhibir el propio cuerpo desnudo, el sentimiento que se puede tener  a la hora de hablar de ciertas cuestiones, pensamientos o actos que podemos considerar íntimos. Cómo te imaginaras, me voy a centrar en la cuestión relativa a la sexualidad.

Por ello cabría preguntarse…, ¿Es positivo ser pudoroso?, ¿ayuda en la educación sexual? Es evidente que el pudor tapa algo que no debe de ser visto. Es una actitud bastante espontánea que se manifiesta a través del cuerpo, es una confusión, un temor, un rechazo de la persona ante el hecho de ver aparecer, o mostrar parte de la propia intimidad a la luz del momento.

No obstante, a la hora de explicar esto a los pequeño, hemos de tener “cierta precaución” y saber explicar en función de su edad y maduración-en sucesivas entrada consideramos esto por etapas-. Pues nos puede pasar como con  en el tema del asombro…, que lo matemos. De todas formas, si somos capaces de experimentar él pudo como una especie de vergüenza…., lo hemos de tomar como positivo. Sin embargo, hemos de tener claro que los niños y niñas desarrollan ese pudor de forma natural, además no podemos forzar las cosas aunque seamos naturalistas en casa. Y la cuestión llega incluso a la forma de vestir, que irá siempre en virtud de como vivamos ese pudor.

¿Y como asimilan y viven el pudor nuestros hijos o nuestras hijas?, ¿sienten ese pudor del que estamos hablando? Evidentemente si, y ese pudor será el reflejo de la educación que hayan recibido. Pero si es cierto que el pudor de los críos es diferente al de las crías y por varias razones y entre ellas.., por ejemplo; que los órganos reproductores de los niños son externos, mientras que el de las niñas es interno, además los niños de pequeño “sufren pequeñas erecciones” y eso hace que sientan algún tipo de pudor y quieran taparse. Es una forma de tapar su intimidad, es natural. Y esto evidentemente no ocurre con las niñas. Es demasiado obvio.

Por otro lado, también se educa por medio de gestos, actitudes y comportamientos cotidianos, los cuales constituyen lo que se puede llamar la educación silenciosa del cuerpo.  Aunque es inevitable que llegue el momento en el que hablemos con nuestros hijos de este tema, en ese momento la conversación debe de ser llevada a cabo en un ambiente de confianza plena entre padres e hijos. Y aquí el cariño tiene un papel muy importante. Cariño que ha de ser de una forma natural y no artificial o forzada. En cierto modo, es educar en emociones y no en sentimentalismo o en el chantaje emocional de que si haces esto te doy lo otro.

 

 

 

 

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